José Adrián Carbajal Domínguez
Profesor investigador
Universidad Juárez Autónoma de Tabasco
El presidente Calderón ordenó el 16 de abril, al CONACYT y a la Secretará de Economía, integrar un fondo de Innovación tecnológica con aportaciones federales y estatales por unos 500 millones de pesos. En mi opinión no es una buena señal el crear un nuevo fondo si no se ha realizado previamente una evaluación de los ya existentes. Actualmente se cuenta con los fondos sectoriales, en los que se impulsa las aplicaciones tecnológicas para, mayormente, algunas empresas paraestatales; y el fondo mixto, en el que la decisión de de la inversión de los recursos la hacen los estados. Sin embargo, después de años de su aplicación, los indicadores científicos del país no son impresionantes. La UNAM, la cual es la mayor Universidad de México está 74 lugares atrás de universidades de China e India que tiene un ingreso per cápita mucho menor que México (México $8,000 dólares, China $1,800 dólares e India $800 dólares). El despegue económico de ambos países está asociado con el aumento de sus indicadores de Ciencia y tecnología así como el monto de la inversión a estas áreas principalmente por parte del estado y por su apertura a la inversión extranjera. El problema en México es que la inversión en educación superior, tanto privada como pública, está enfocada a la formación mano de obra y no a la creación y transferencia de conocimiento. Es un hecho comprobable que los avances más espectaculares de la tecnología están siempre respaldados por la inversión de muchos años en ciencia básica. El caso de Charles Townes, premio Nobel de Física en 1964 por su invención del Láser es un ejemplo. En ese entonces nadie podía decir para qué servía un láser. Hoy la mayoría de la gente sabe que en su casa algún aparato tiene un incorporado uno (su DVD, reproductor de CD, su computadora, su conexión al Internet). Además, al paso de los años el láser dio lugar a un gran número de empresas que fabrican productos de altísimo valor agregado. Tan sólo en Canadá, cerca de Québec hay una ciudad entera poblada de empresas dedicadas exclusivamente al desarrollo y producción de productos relacionados con el láser. El Dr. Townes ha manifestado e insistido públicamente que su mayor preocupación es la falta de inversión en ciencia básica (matemáticas, física, química, biología) en el mundo debido a que, cuando los gobiernos o las compañías finalmente lo hacen, esperan resultados en el corto plazo. La resonancia magnética nuclear, la tomografía computarizada y el Internet como lo conocemos hoy en día son resultado de investigación básica y tomaron cada uno más de treinta años en desarrollarse. En nuestro contexto, las empresas mexicanas son pocas y relativamente poco importantes. Las más reconocidas a nivel internacional son la cerveza y el cemento. Lo preocupante es que hay muy pocas marcas mexicanas reconocidas en el mundo, considerando el tamaño de nuestra economía. Por otro lado, además de beneficiarse ya de un buen número de exenciones fiscales, lo que les permite pagar 33 mil millones de pesos menos que lo que pagan los asalariados en impuestos, las empresas mexicanas no se arriesgan en investigación y desarrollo de productos y nuevas técnicas de producción, contentándose con comprar la tecnología extranjera. Por mencionar un ejemplo, Carlos Slim, dueño de Telmex, prefiere dar 35 Millones de dólares al Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT) para investigación que invertir una cantidad similar en alguna universidad mexicana. En el contexto estatal, las marcas tabasqueñas, además de ser pocas, ni siquiera tienen alcance nacional por lo que el dinero destinado por nuestro estado a este rubro impactará mayormente en empresas con capitales de otros estados. El remedio propuesto por el Presidente Calderón tiene una orientación equivocada y no proporcionará ni de lejos los resultados esperados. Cualquier nueva política de financiamiento de la investigación pasa por eliminar las asimetrías en términos del desarrollo científico del País. La propuesta no lo considera y además implica el seguir produciendo bienes de bajo valor, que son los que actualmente generan las empresas mexicanas existentes y no se ocupa en crear nuevas empresas con productos y servicios de mayor valor agregado. Una medida del valor de un producto puede obtenerse dividiendo su precio de mercado, en pesos, entre su peso, en kilogramos. Así, en este esquema, un barril de petróleo Brent, el más caro del mercado, a precios de hoy tiene un valor de unos 5 pesos por kilogramo, mientras que el nuevo sistema operativo de Microsoft cuesta aproximadamente, 200,000 pesos por kilogramo. Es evidente cuáles son los tipos de bienes que México necesita producir.
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